CLASIFICACIÓN DE LA BIOMASA

La biomasa resulta una gran alternativa a otros recursos energéticos y por ello la venta pellets está ascendiendo cada año. Una energía renovable menos contaminante y de resultados francamente positivos. No es casualidad que su posicionamiento en el mercado de los recursos energéticos cada vez sea más alto.

Aunque existen varias clasificaciones, la más habitual es la que divide la biomasa en residual seca y húmeda; natural, y la dedicada a los cultivos energéticos. En el caso de la biomasa natural es la que se crea sin intervención alguna del ser humano, como bien indica su nombre.

La biomasa residual seca se crea a partir de residuos de actividades agricultoras y ganaderas así como en las industrias agroalimentarias y madereras. Son subproductos que se reutilizan como ocurre con, por ejemplo, el serrín. La biomasa residual son todos aquellos vertidos biodegradables, tanto aguas residuales como residuos ganaderos (los purines).

Los cultivos energéticos se crean única y exclusivamente para producir biomasa que se convierta en combustible. Estos cultivos pueden ser desde cultivos ya existentes como los de remolacha o cereales; lignocelulósicos herbáceos o lignocelulósicos forestales.

MÉTODOS DE CONVERSIÓN DE LA ENERGÍA DE LA BIOMASA

Dos son los métodos de conversión más utilizados: los biológicos y los termoquímicos. En los primeros, la fermentación alcohólica modifica a la biomasa y la convierte en etanol, es decir, en biocombustible. También, en ocasiones, se sirve de la fermentación metánica. Esta no es otra que la digestión anaerobia por bacterias de la propia biomasa y suele utilizarse para la metabolización de la biomasa húmeda en energía.

Los métodos termoquímicos, sin embargo, suelen utilizarse mayoritariamente en la biomasa seca, principalmente en elementos como la madera o la paja. Dentro de estos métodos, son dos los procesos más utilizados: la combustión y la pirólisis.

La combustión es el proceso mediante el cual se produce la oxidación por el oxígeno tras liberarse el agua y el gas carbónico. Resulta de gran utilidad para el uso doméstico o, en su defecto, para la producción industrial de calor.

La pirólisis resulta una combustión incompleta a una temperatura elevada bajo ciertas condiciones anaerobias. Bajo este método se consigue el carbón vegetal y un gas pobre que mezclado debidamente con monóxido y dióxido de carbono puede incluso generar cierto poder calórico para poner en marcha motores diesel o producir electricidad a pequeña escala. Se llevan a cabo en los conocidos como gasógenos.

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